MILITARES UCRANIANOS QUE DEJARON LAS ARMAS DICEN QUE SUS SUPERIORES LES OCULTARON QUE PODÍAN RENDIRSE Y HABLAN DEL TRATO COMO PRISIONEROS

Cada vez más militares desertan de las filas del Ejército ucraniano. Los que deponen las armas cuentan que fueron traicionados por sus comandantes, que simplemente perdieron la motivación para luchar o que era la última opción que tenían para salvar sus vidas. A veces sus jefes les ocultaban que las fuerzas militares de Donetsk y Rusia les habían dando la oportunidad de rendirse, según indican excombatientes de la brigada que se atrincheró en Mariúpol.

“No había conexión, ni internet, ni nada. No sabíamos absolutamente nada. Si lo hubiéramos sabido, nos habríamos ido antes“, declaró un combatiente que desertó.

Los militares que se rindieron y se encuentran ahora en Donetsk fueron trasladados sobre todo desde Mariúpol. Hay de distintos regimientos, tanto marines como miembros de batallones nacionalistas.

“Por supuesto que identificamos a cada uno, abrimos un expediente, les tomamos fotos, tomamos sus huellas dactilares, y si alguno no tiene documentos después averiguamos quién es”, declaró Yuri Sirovatko, el ministro de Justicia de la República Popular de Donetsk.

Sin embargo, el servicio secreto y la fiscalía son implacables a la hora de filtrar a los prisioneros. Si se confirma que el uniformado cometió crímenes o fue un mercenario, será trasladado a la cárcel inmediatamente y el tribunal decidirá su destino.

En Donetsk hay recintos especiales donde se traslada a los prisioneros de guerra. Las condiciones en que viven son más que apropiadas: reciben tratamiento médico y comida tres veces al día. “Nos dan entrante, plato fuerte, té, ensalada y carne. De todo, no nos podemos quejar”, dijo un prisionero que ahora se desempeña como cocinero.

Un contraste abismal si se compara con las condiciones infrahumanas a las que el Ejército ucraniano somete a los prisioneros rusos. El Ministerio de Defensa ruso ha denunciado en reiteradas ocasiones que los soldados del país han sido víctimas de torturas.

En cámara, los prisioneros dicen que les duele haber ido a la guerra. Pero la gran cuestión es si su arrepentimiento es sincero o no.

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