Este lunes 2 de noviembre, en una tarde nublada y fría, el Papa León XIV celebró la Misa por los fieles difuntos en el cementerio romano del Verano.

Invitó a rezar por quienes allí descansan y por quienes «cada uno de nosotros lleva en el corazón».
«Un cementerio es como un umbral entre este mundo y el más allá», dijo el Santo Padre… Y se detuvo en una bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».
Luego, el Papa León rezó por quienes perdieron a un ser querido en la guerra:
«Que las lágrimas de tantas madres, de tantos niños, de tantos ancianos conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder de hacer callar las armas».
«La fe en Cristo nos dice que nuestro vínculo con los fieles difuntos no se interrumpe, sino que se transforma. Con la oración de sufragio acompañamos a nuestros seres queridos hacia la plena comunión con el Señor, esa comunión que ya pregustamos aquí, en el sacramento de la Eucaristía», dijo.
Y pidió que las manos de Dios, paternas y seguras, custodien a nuestros difuntos por toda la eternidad.
