A diferencia de los momentos cuando se juntan las parejas pensando en si van a tener hijos y cuándo, aquellas que se unen después de otra relación creen que pueden improvisar y construir por prueba y error, lo cual genera mucha inseguridad, señala la experta Ane Arieta

EFE.- “Cuando se trata de casarnos o tener un hijo lo pensamos, lo decidimos y lo preparamos. En cambio, al formar una familia ensamblada muchas veces entramos diciendo ‘ya veremos’ si funciona bien«.
Con este señalamiento, la abogada y mediadora familiar Ane Arieta, en entrevista con EFE, destaca uno de los problemas más usuales en estas familias en las que cada integrante de la pareja aporta hijos de una relación anterior.
Arieta, creadora del Método STEP o Stepfamily, explica que, además, en general se aborda la integración de una familia ensamblada «como si fuera una opción reversible”.
«Para formar una familia ensamblada, improvisamos”, señala Ane Arieta.
Estos fenómenos hacen que se pueda señalar una «regla de oro» para la familia ensamblada, el cual podría resumirse en una frase: “en lugar de exigirle al vinculo, construye el lugar donde el vínculo pueda crecer”.
Por otra parte, Arieta sugiere que desde que las parejas se unen pensando en crear una familia, además de decidir si tener hijos y cuándo, también tienen que pensar cómo convivirían en caso de separación.
Los riesgos del “ya veremos…”
Para Arieta, la actitud de “ya veremos cómo funciona”, no sólo revela improvisación, sino que es un planteamiento de prueba y error, el cual “genera una inseguridad enorme en los miembros de un sistema familiar», sobre todo cuando hay menores de por medio.
“Cualquier familia atraviesa conflictos», señala Arieta, pero las ensambladas deben «soportar más ruido exterior» que otras familias; además tienen menos referencias, enfrentan más prejuicios y reciben más miradas ajenas, añade.
“En estas familias los roles no están claros social, legal, ni culturalmente: nadie sabe qué se espera de un padrastro o de una madrastra, y las propias palabras arrastran siglos de estigma, de ‘Blancanieves’ a ‘Cenicienta’”, asegura.
Para esta especialista “una familia ensamblada no se construye sólo desde el amor, como si este sentimiento lo pudiera todo, sino desde la estructura«, lo cual implica que haya roles claros, límites coherentes, seguridad y «compromiso adulto».
Un vínculo con sus propias dinámicas y reglas.
Para que un sistema de estas características funcione armónicamente «requiere que sus integrantes den el paso de estructurarlo con conciencia, sabiendo dónde se meten, qué implica y qué necesita cada persona del sistema ensamblado, empezando por los niños”, apunta.
Arieta no resta valor a las familias ensambladas, ni las considera de segunda categoría, señalando que son “una realidad con sus propias dinámicas, aprendizajes y fortalezas”, en la que “no sólo es importante cómo se forma este nuevo vínculo sino cómo se cuidan las personas que lo integran”.
Los problemas irresueltos son un lastre
La experta considera que en este tipo de relaciones familiares, el «punto ciego», aquello que no percibimos, «rara vez es la nueva pareja, que no suele crear los problemas, sino que los revela, al hacernos de espejo”.
“El verdadero reto es la falta de conciencia previa y todo lo que no se ordenó antes y sobre lo que ahora se intenta construir una nueva relación”, explica.
Una familia ensamblada “casi siempre se empieza a construir sobre una base que todavía no está ordenada: la coparentalidad con la expareja. Y es muy difícil levantar una casa nueva sobre unos cimientos anteriores que aún se están colocando”, según Arieta.
Buscando un sitio en la nueva familia.
Otro reto que enfrentan estos sistemas familiares es el de las expectativas, ya que al ensamblarlos, sus integrantes no sólo creen que todo depende del amor, sino que además actúan como si el vínculo fuera reversible, lo cual lo impregna todo de inseguridad, añade.
Para Arieta “una familia ensamblada se construye primero con compromiso, acuerdos y una estructura sostenible y estable en el tiempo; y sobre eso, el amor, que llegará o no, y bienvenido sea”, destaca.
“Con esa base se genera un vínculo saludable y funcional, que a los hijos les podrá gustar más o menos o podrán cuestionar, pero en el que se sientan seguros y no duden”, añade la creadora del Método Stepfamily.
