Entre anécdotas de enchiladas y ritmos de mole, el grupo musical Ruidos, Sonidos y Otras Yerbas sirvió un menú de 16 tiempos que despertó el apetito y el orgullo de la frontera
Eran las seis de la tarde del sábado 9 de mayo, una hora en la que muchos apenas terminaban de comer. Sin embargo, la advertencia desde el escenario del teatro Gracia Pasquel del Centro Cultural Universitario (CCU) fue clara: «Con todo lo que van a oír, se les va a despertar el apetito». No era una exageración. Lo que siguió fue un recorrido sinestésico donde la música se escuchó y se saboreó.
El grupo musical representativo de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) Ruidos, Sonidos y Otras Yerbas, conformado por talentos como Jaime Ríos Herrera, Jorge Alberto Zapata, Rodrigo Alberto Martínez Carrejo, Daniel Armando Acosta Zubiate, Abner Julián Martínez Robledo, Alejandro Carrillo Pastrana y Guillermo Saucedo,presentó su espectáculo De chile, de dulce y de manteca. La velada arrancó con la complejidad de Sabores de México, estableciendo desde el inicio que la gastronomía es, ante todo, el pegamento que une a la sociedad en esta tierra.
Entre el picante y la música
Uno de los momentos más memorables del evento fue la ruptura de la cuarta pared. Los músicos, convertidos en anfitriones de una cena imaginaria, consultaron al público sobre el eterno dilema nacional: ¿cómo quitarse lo enchilado? Entre las butacas llovieron recetas que fueron desde lo clásico —sal o hielo— hasta lo más festivo: ¡Una chela!, gritó una asistente, desatando las risas que terminaron de romper el hielo en el Centro Cultural Universitario.
La transición de la charla al arte fue fluida. «El mole es una mezcla de ingredientes, historia y paciencia», se escuchó decir antes de que el grupo decidiera que, en lugar de cocinarlo, lo mejor era bailarlo. Fue entonces cuando la Cumbia del mole de Lila Downs tomó el recinto, secundada por la energía de los invitados especiales: la voz y percusión de Frank la Rosa y el violín de Gerardo Ramírez.
Un repertorio para relamerse
El programa fue una curaduría de la memoria colectiva. Desde el toque nostálgico de El panadero con el pan de Ventura Romero, hasta el humor pícaro de Los agachados y Los gorrones del inolvidable Chava Flores. No faltaron los clásicos internacionales con sabor local, como la ingeniosa adaptación de Pozole mío —parodia de ‘O sole mio—, que demostró que la cultura institucional de la UACJ también sabe reírse y celebrar lo cotidiano.
A medida que avanzaba la lista de 16 piezas, incluyendo El colesterol y Ojalá que llueva café, el teatro se convirtió en una extensión de la mesa mexicana. El cierre, con temas como Carbón, fuego y sabor y La comida mexicana, dejó en claro que la propuesta de los siete integrantes —Ríos, Zapata, Martínez, Acosta, Martínez Robledo, Carrillo y Caballero— fue mucho más que un concierto: fue un recordatorio de que somos lo que comemos, pero, sobre todo, lo que cantamos mientras compartimos el pan.
Al final, la entrada libre resultó ser una invitación a un festín donde nadie se quedó con hambre de cultura. El público salió a la noche de Ciudad Juárez con el ritmo en los pies y, tal como se prometió al inicio, con un hambre renovada por las tradiciones que caracterizan al patrimonio del país.

