El grueso de los que integran Morena no tiene ideología; tienen intereses. Los pocos izquierdistas radicales son ilusos y toman como modelo o ejemplo las revoluciones soviética, china o cubana. Los radicales tipo Marx Arriaga son ilusos
Los mexicanos somos afortunados; nos tocaron unos izquierdosos radicales sólo por fuera, para el consumo público; por dentro son de derecha: dados a la buena vida, la que deriva del dinero mal habido y rápidamente alcanzado. Eso sí, creen que llegaron al Poder y que, por ello, pueden hacer y deshacer.
Nada que ver con la naturaleza de quienes son auténticos revolucionarios: austeros, trabajadores, discretos, moderados e identificados con los obreros, campesinos, indígenas y miembros de las clases bajas.
Nuestros izquierdosos no se han dado cuenta de que el poder (con minúscula) que alcanzaron a través del voto de la ciudadanía, es limitado y que no fue un cheque en blanco que les permita introducir cambios radicales. En el mismo error incurrieron otros izquierdosos: Evo Morales, de Bolivia, y los gobernantes izquierdistas argentinos, entre otros. Disfrazan sus ambiciones personales recurriendo a una ideología de izquierda.
Nuestros izquierdosos ganaron posiciones políticas importantes: llegaron formalmente a la presidencia de la República, cooptaron el Congreso de la Unión, alcanzaron muchas gubernaturas y controlan el grueso de congresos locales, pero no tienen el Poder real que implica, entre otras cosas, la posibilidad de imponer cambios radicales. El poder que deriva del voto ciudadano no es duradero ni total. Cuando más da para cambios cosméticos.
Como lo he sostenido en otras colaboraciones: únicamente el poder que deriva de la violencia es relativamente duradero y general. Por más que se quiera, nunca es total y permanente. La titularidad, naturaleza y alcance del poder está en función de la violencia, general o parcial, del tiempo, prolongado o breve, que se luchó para alcanzarlo. De lo prolongado o breve del ejercicio bélico depende la naturaleza del poder que se alcanza.
La revolución iniciada en 1910 comprendió parte del territorio nacional; no todo: el que contaba con ferrocarriles o vías de comunicación. Estuvieron al margen de la violencia generalizada e intensa los estados de Chiapas, Nayarit, Oaxaca, Colima, Yucatán, Campeche y los territorios de Baja California y Quintana Roo. Por virtud de esa violencia, quienes se decían revolucionarios lo detentaron por casi 80 años; en los primeros años hicieron y deshicieron; con el tiempo, al agotarse el impulso inicial, desaparecer los viejos revolucionarios e institucionalizarse el ejercicio del poder, perdieron fuerza y banderas populares.
Los morenos alcanzaron las posiciones políticas que detentan a través del voto y sin ejercer violencia; en el camino, para llegar, se apoyaron en gente que no estaba comprometida con su supuesta ideología y que más quería conservar lo ganado bajo los gobiernos del PRI, hallar espacios que tenía cerrados en ese organismo político o que intentaba legitimar actividades ilícitas. Ése es el grueso de Morena. Los radicales izquierdistas son minoría y los que menos detentan el poder público.
Los morenos radicales no alcanzaron el poder económico y mucho menos el social. No es riqueza para los efectos de la economía nacional el dinero que deriva de actividades ilícitas ni el que proviene del narcotráfico. En lo social, la influencia se limita a mover y comprometer a líderes ancestrales de sindicatos y gremios que más están para vender su amor a quien sepa llegarles al precio, que a identificarse con una causa determinada. Los morenos, en general, no tienen cuadros propios y comprometidos; tampoco han sabido formarlos.
El grueso de los que integran Morena no tiene ideología; tienen intereses. Los pocos izquierdistas radicales son ilusos y toman como modelo o ejemplo las revoluciones soviética, china o cubana. Los radicales tipo Marx Arriaga son ilusos.
Morena no cuenta con las fuerzas armadas; sólo dispone de ellas en el grado en que a sus miembros les convenga; por más que AMLO trató de cooptarlos, los militares se dejaron llevar hasta el grado en que les convino su amasiato con Morena. Si bien sofocarían los brotes de descontento violentos, sus miembros no colaborarían para instaurar una dictadura del proletariado ni permitirían que se les prive de los privilegios que obtuvieron durante el sexenio de AMLO. Esto será así aun cuando se ha visto que los hombres armados son malos constructores, pésimos administradores y mediocres perseguidores de la delincuencia organizada.
Los morenos se corrompieron al tomar el poder; esa circunstancia les impide intentar reformas radicales de izquierda. Aspiran a poder gozar lo que a base de corrupción han obtenido. No están para adquirir compromisos con la ideología que supuestamente profesan.
El error de los radicales izquierdosos fue que, para alcanzar el poder, hicieron alianza con gente que no comparte su ideología ni estaría dispuesta a sacrificar el estatus económico y político que bajo la sombra del poder han alcanzado.
Los morenos tipo Adán Augusto, Mario Delgado, Alfonso Durazo, Ricardo Monreal, Javier Corral y otros, más ven por lo suyo que por la causa. No tienen una ideología comprensible y aceptable para la gente que los apoya. AMLO lo entendió y de ahí el lenguaje que utilizó para llegar al corazón de la gente: el de las dádivas.
Los integrantes de las fuerzas armadas y el grueso de los morenos, en general, abandonarán Morena y a su gobierno en el momento en que surja la primera crisis grave debido, entre otras razones, al derroche que implica la política de dádivas o la mala construcción o administración de las obras públicas o queden en evidencia los graves errores y muchas deficiencias en las obras confiadas a ellos.
Morena nunca intentará fincar responsabilidad a los hombres armados que mal construyeron las obras públicas o que pésimamente administraron las dependencias que les fueron confiadas.
Llegado el momento en que los izquierdosos pretendan imponer su dictadura del proletariado, será entonces cuando se enteren que con los integrantes de las fuerzas armadas no cuenta; les pasará lo que dice un verso de la canción La mesera de Esteban Navarrete:
Ya cuando estábamos cuetes
le dije: prieta, nos vamos;
me dijo: no chiquitito,
en eso si no quedamos;
pero si traes dinerito,
hasta otra polca bailamos.

