Los análisis de los huesos de cinco momias muestran que en vida desarrollaron musculatura y lesiones consistentes con estilos de vida activos, ya fuera por la caza, el entrenamiento militar u otras actividades físicas
El lujo del antiguo Egipto podría hacernos pensar que sus clases gobernantes y sus familias eran muy atendidos y poco activos, y que las armas halladas en las cámaras funerarias de las princesas podían ser meros adornos o símbolos; sin embargo, análisis anatómicos recientes mostraron que al menos algunas de las princesas estaban entrenadas para utilizar las armas.
«Los miembros de la familia real, especialmente las mujeres, participaban activamente en actividades que requerían destreza y esfuerzo físico, como el tiro con arco y la caza», afirma Zeinab Hashesh, autora principal del artículo publicado este jueves en la revista especializada Frontiers in Environmental Archaeology.
«Esta conclusión se ve respaldada por la forma en que sus huesos se desarrollaron para soportar un uso muscular intenso, lo que se corresponde directamente con las armas descubiertas en sus tumbas», añade la especialista en un comunicado de la revista.
De acuerdo con el comunicado, la investigación se hizo con seis momias reales —cinco de las cuales eran de mujeres— halladas en Dahshur, un complejo funerario de pirámides y tumbas de pozo, en la década de 1890. Estas momias habían estado perdidas durante años y fueron redescubiertas en el Museo Egipcio durante un proyecto de conservación en 2020.
Fuertes y entrenadas
Las princesas, cuatro de las cuales eran hermanas, hijas del faraón Amenemhat II, fueron enterradas en cámaras subterráneas idénticas con objetos como arcos y flechas, tradicionalmente asociados a los hombres.
Aunque las seis habían sido cuidadosamente momificadas, el tejido blando se pulverizó y algunos huesos no se conservaron. Esto incluye los cráneos de las princesas, que se perdieron a principios del siglo XX y que podrían haber aportado información importante.
Sin embargo, los huesos restantes se encontraban en buen estado, lo que permitió a los arqueólogos estimar la edad, la estatura y el sexo de las mujeres al morir, así como descubrir indicios de enfermedades o lesiones.
«La princesa Ita era una mujer joven de entre 28 y 34 años con una fuerte musculatura en la parte superior del cuerpo, lo que sugiere que solía usar armas como mazas o dagas», afirmó Hashesh, investigadora de la Universidad de Beni-Suef en Egipto.
Por su parte, «la princesa Khenmet era una mujer de entre 30 y 40 años que mostraba signos de adelgazamiento óseo, pero con ligamentos muy robustos. La princesa Itaweret era una mujer joven de entre 20 y 34 años que sobrevivió a fracturas de costillas y de pie; su esqueleto demuestra que era una arquera experta«.
La robusta musculatura de los huesos de las hermanas indica que eran muy activas físicamente, lo que sugiere que usaban las armas encontradas en sus tumbas u otras similares. Evidencia de este mismo tipo muestra que la princesa Noub-Hotep y el rey Hor —los otros dos miembros de la realeza cuyas momias fueron evaluadas— eran arqueros.

“Encontramos un desarrollo pronunciado en las extremidades superiores de estas personas, lo que se correlaciona con acciones repetitivas y de alta intensidad, como tensar la cuerda de un arco o estabilizar un arma, lo que demuestra que estas actividades eran habituales a lo largo de sus vidas”, afirma Hashesh.
“Esto explica directamente la presencia de arcos, flechas y mazas en las tumbas de las mujeres; no se trataba solo de regalos simbólicos, sino de herramientas que utilizaban activamente”.
Querríamos con sus historias de vida
Las lesiones, como las costillas rotas de la princesa Itaweret —probablemente causadas por un golpe o una caída desde una altura—, eran comunes, y varias personas presentaban infecciones y deficiencias nutricionales. Las hermanas también compartían raras anomalías en la columna vertebral, lo que indica que sus padres y familiares estaban estrechamente emparentados.
“Estas lesiones probablemente fueron causadas por accidentes, caídas, golpes fuertes u otros impactos relacionados con un estilo de vida activo, ya fuera por la caza, el entrenamiento militar u otras actividades exigentes”, afirmó Hashesh. “Lo notable es que las lesiones sanaron bien, lo que sugiere que tenían acceso a atención médica avanzada para su época”.
Sin embargo, el equipo arqueológicos señala que la pérdida de los cráneos de las princesas limita sus análisis. Tampoco han podido realizar todos los exámenes que tenían previstos, como el de isótopos estables, que podría arrojar más luz sobre posibles deficiencias nutricionales.
«Nuestro sueño sería ir mucho más allá de la simple identificación de la realeza de Dahshur», dijo Hashesh. «Intentaríamos contar sus historias de vida completas, sus familias, su salud e incluso sus roles políticos, con el mayor detalle posible».
La investigadora añade que, más allá de la ciencia, «preservaríamos los restos, crearíamos impresiones 3D para la enseñanza y exposiciones virtuales, y los exhibiríamos junto con sus joyas, armas y objetos funerarios. Todo esto se haría con respeto, asegurando que los restos se presenten de forma ética, tal como fueron enterrados originalmente».
También señala que sus objetos y joyas son verdaderamente fascinantes, de una artesanía impresionante. Sin embargo, si bien los arqueólogos se han centrado durante mucho tiempo en preservar estos tesoros, a menudo se ha olvidado a las personas mismas. Nuestro estudio pretende cambiar eso».

