Otra vez el calendario escolar se pliega ante los días de descanso. En miles de hogares chihuahuenses, madres y padres revisan con resignación la agenda familiar: rutas al trabajo, guarderías improvisadas, abuelos en auxilio.
Los estudiantes de educación básica volverán a tener un megapuente —del viernes 14 al lunes 17 de noviembre— y, apenas tres días después, una nueva suspensión por el desfile del 20 de noviembre.
Las autoridades educativas confirmaron que el viernes 14 no habrá clases por motivo del Consejo Técnico Escolar, una jornada en la que los maestros planean y evalúan el avance académico. En las escuelas aseguran que no se trata de un “puente inventado”, sino de una fecha oficial incluida en el calendario de la SEP. Aun así, la cadena de suspensiones conforma un descanso prolongado que, en los hechos, altera la continuidad escolar… aunque más de uno no parece demasiado preocupado por eso.
Más de 700 mil alumnos de educación básica en los 67 municipios del estado tendrán un descanso de cinco días, mientras que los niveles medio superior y superior gozarán únicamente de dos. Las autoridades justifican la decisión en la planeación pedagógica y la logística del desfile, pero en los hogares el efecto es otro: desajuste en las rutinas, gastos adicionales y padres que, entre turnos laborales, buscan con quién dejar a sus hijos.
El problema, sin embargo, trasciende la organización doméstica. Cada megapuente representa menos horas efectivas de clase, un desafío para los aprendizajes y una brecha que se amplía en un país donde los niveles de rezago educativo siguen siendo preocupantes.
Frente a esta dinámica, urge que las autoridades federales revisen la estructura del calendario escolar. No se trata de eliminar el descanso ni las fechas cívicas, sino de equilibrar el derecho al ocio con la responsabilidad de garantizar un ciclo formativo completo. La educación no puede vivir en permanente pausa.

