La violencia y los delitos deben erradicarse sin importar la magnitud de las cifras, ya que cualquier agresión representa una afectación directa a la vida y a la convivencia social, expresó el obispo de la Diócesis de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos, al referirse a la incidencia de homicidios dolosos en la ciudad.
Indicó que el tema no se agota en los reportes mensuales y que el objetivo central debe ser reducir el daño a las personas, más allá de comparativos estadísticos.
El prelado señaló que, aun cuando se registren disminuciones en los indicadores delictivos, el objetivo no debe centrarse en la comparación de cifras, sino en la eliminación de la violencia.
“Sea uno, sean dos, hay que erradicar la violencia, la inseguridad y los delitos, cualquiera que sea”, afirmó.
Añadió que este planteamiento implica trabajo institucional sostenido, prevención y participación social, con acciones orientadas a evitar que los conflictos terminen en agresiones.
Indicó que este llamado también se relaciona con el respeto a la vida de todas las personas, en especial la de quienes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad.
“Hay que respetar la vida de todos, de los más indefensos”, expresó. Señaló que la convivencia en la ciudad requiere decisiones individuales y colectivas basadas en límites claros y en responsabilidad social.
De acuerdo con cifras oficiales, durante el mes de enero se registraron 41 homicidios dolosos en Ciudad Juárez, de los cuales 38 correspondieron a hombres y tres a mujeres, lo que representó una disminución del 50 por ciento en comparación con el mismo mes de 2025.
El obispo consideró que los datos no deben generar conformidad, ya que cada caso implica una pérdida y efectos en familias.
En ese sentido, señaló que el ideal es que no exista ningún delito doloso en la ciudad. “Qué bueno que disminuyan estos delitos, pero lo ideal es que no haya ninguno”, comentó. Indicó que la medición de resultados debe acompañarse de esfuerzos para evitar que la violencia se normalice en la vida diaria.
Torres Campos relacionó este mensaje con el sentido del Día de la Candelaria, al mencionar que ser luz en la sociedad implica evitar causar daño y asumir una responsabilidad personal en la construcción de la paz.
Explicó que el simbolismo de la luz en la tradición litúrgica se vincula con conductas de respeto, diálogo y apoyo a quienes atraviesan necesidades.
Como mensaje final, exhortó a las personas involucradas en actividades delictivas a dejar ese camino y cambiar de conducta.
“Dejar de hacer daño, seguir el camino del bien, una conversión que nos pide Cristo”, señaló. Añadió que el llamado es para toda la comunidad y que la convivencia pacífica depende de decisiones cotidianas basadas en el respeto a la vida.

