Con las bajas del estelar lanzador Damián Mendoza, del taponero de lujo Luis Serna y de Yahir Gurrola, jardinero derecho de probada y comprobada calidad, los Indios de Ciudad Juárez iniciarán mañana contra Soles de Ojinaga, en el Estadio Juárez, la defensa de su título en el Campeonato Estatal de Beisbol de Primera Fuerza, obtenido a costa de los Dorados de Chihuahua, el número once en sus vitrinas en el historial de participaciones de la novena aborigen en la pelota de la entidad, que data de los años 30.
Sergio Arturo Duarte Méndez
MÁQUINA DEPORTIVA
Sí, ese título largamente esperado, ansiado y anhelado que puso fin a prácticamente un cuarto de siglo de impotencias, frustraciones y lágrimas entre directivos, aficionados y jugadores, es el mismo que pasará a la historia como un blasón muy poco o nada celebrado públicamente y mucho menos compartido con los fans indígenas.
En una época de escasez de éxitos en el deporte profesional de esta ciudad, donde ni los Bravos, en el soccer, ni los Indios, en el basquetbol estatal y, en su momento, ni los Jefes, en el futbol americano profesional, han transcendido y ‘levantado la copa’, a la dirigencia de la Zona Uno que encabeza el jurisdiccional Óscar Chávez simplemente le importó una ‘pura y dos con sal’ festejar en grande y con sus seguidores, la consecución de la corona y así ‘cacaraquear el huevo’ juntos.
Lejos de llevar a cabo en su momento un evento masivo de categoría, con un artista de primer nivel, con el cuerpo técnico y peloteros presentes y la afición como invitada especial, sí, la misma que llenó de bote en bote el estadio en la postemporada y registró entradas espectaculares e históricas, para así corresponderle y agradecer su apoyo y aliento, no hubo tal.
En lugar de ello, se dio una celebración de cajón, el martes nueve de septiembre por la noche.
Hubo una caravana de la Megabandera al estadio, la presentación de cada uno de los integrantes del equipo con camisetas de campeones -del carrito de afuera-, la presentación del trofeo, el ánimo de los aficionados, la venta de antojitos mexicanos en el exterior del inmueble, ningún grupo musical y un patético final con hombres corriendo en calzones alrededor del campo, en pago a una apuesta realizada en redes sociales.
Y fue todo, se acabó el furor y la algarabía por el campeonato de parte de la directiva en lo que a eventos públicos se refiere.
ELECCIÓN DEPORTISTA DEL AÑO, PASÓ DE NOCHE
La conquista del campeonato del año anterior, el épico triunfo de un grupo de talentosos y arrojados peloteros a cargo de Pablo ‘Paul’ González -quien por un pelito de rana calva no repite como manager esta campaña-, que se levantó de la lona y en patio ajeno conquistó la gloria, cuatro victorias por tres, ante el delirio de sus fieles e incondicionales seguidores tampoco tuvo eco en la elección del Deportista del Año, efectuada en noviembre pasado.
El cetro que en septiembre anterior rompió una sequía de casi 25 años sin la gloria de un gallardete para la tribu, luego de una trepidante ‘Guerra Civil’ contra los Dorados de Chihuahua extendida a siete juegos tuvo de todo: interesantes duelos, apretados scores, palizas, trampas, un ciclo de bateo, conductas antideportivas, buen nivel de pelota e inclusive caras de espanto entre jugadores y una sensación de muerte en el dugout fronterizo con el caso del catcher Víctor Ruiz, no fue valorado en su justa dimensión.
En una administración que, sin duda alguna y, a todas luces, acertó con la contratación del pitcher profesional Mendoza así como con la del receptor Germán Revilla, nadie, absolutamente nadie propuso a los monarcas estatales Indios de Ciudad Juárez para participar en la elección municipal Deportista del Año, premio que se entrega año con año desde 1957, en una convocatoria que es abierta.
Ni el jurisdiccional Chávez, ni el gerente deportivo Alfonso Venegas, ni el área comercial, ni el cuerpo técnico, ni el departamento de prensa, ni los integrantes de las distintas porras postularon a los beisbolistas aborígenes, nadie.
A la postre, la categoría Equipo Profesional del Año, en la cual, encajarían los Indios, resultó desierta y los indígenas brillaron por su ausencia entre los ganadores del premio entregado a inicios del año en curso.
Más difícil de creer resulta este hecho debido a la gran cercanía del alcalde Cruz Pérez Cuéllar con los Indios, un equipo que representa a esta ciudad, no a Villa o a Ciudad Ahumada.
Pionera en los años treinta, junto a Parral y Chihuahua, de lo que hoy es la Liga Estatal de Beisbol, la novena indígena cuenta con profundas raíces entre sus adeptos, al tiempo que despierta un peculiar sentido de identidad y de pertenencia en ellos, compitió en el terreno de juego antes de la conformación de la Asociación Estatal de Beisbol, la cual se dio en 1957.
En fin, vaya manera de la dirigencia aborigen de reconocer y enaltecer el logro de sus peloteros, manager y staff de coaches, con quienes el beisbol sí estuvo de su lado y, de alguna manera, los premió luego del suplicio vivido internamente, con el enemigo ‘durmiendo’ en casa.
CHOCANTE ESTRATEGIA
Al tiempo que el club Indios anuncia y festeja con bombo y platillo en sus redes sociales los 90 años de participación de la escuadra en el Campeonato Estatal de Beisbol, en una etapa previa a una contienda electoral estatal, el equipo local es ahora utilizado por el alcalde Pérez Cuéllar como un instrumento y trampolín político, dado su imagen y alcance.
‘Coincidentemente’, en contraste con los tradicionales colores rojo, negro y blanco de la tribu, uno de los nuevos uniformes de los Indios tiene ahora una camisola guinda, en el mismo tono que el del partido Morena, al cual, pertenece el pretendiente a la gubernatura del estado.
En su afán personal por quedarse con el ‘hueso’, Pérez Cuéllar ha recurrido a la peligrosa combinación de política y deporte, algo así como el agua y el aceite, en una chocante y aberrante estrategia en busca de votos, en un terreno meramente deportivo.

