La ciudad publicó este sábado un código para prevenir conductas que puedan lastimar al cetáceo, pero también aquellas que podrían impedir que eventualmente vuelva a convivir con otros animales de su especie
EFE.- Un delfín solitario habita desde hace un año las aguas de Venecia y, para protegerlo de la curiosidad de vecinos y turistas, este sábado se presentó un código de conducta que indica qué cosas pueden hacer las embarcaciones a fin de no lastimarlo y cómo deben actuar las personas en caso de avistarlo.
«Los delfines solitarios tienden a compensar la falta de socialización buscando contacto con otras especies. Por su bienestar, no debemos buscar el contacto con el animal ni dejarnos tentar por su innegable encanto para publicar fotos en las redes», recomienda el biólogo del Museo de Historia Nacional veneciano, Luca Mizzan.
El inesperado huésped de la ciudad de los canales es un joven ejemplar macho de delfín mular o nariz de botella o Tursiops truncatus, en buen estado de salud, que entró en la laguna veneciana desde el mar Adriático hace aproximadamente un año. Fue visto por primera vez el 24 de junio de 2025 en Chioggia (también llamada pequeña Venecia).
La especie T. truncatus es la especie más común de delfines tanto en el Adriático como en otros mares y, aunque suele vivir en grupos de entre dos y 15 ejemplares, ya se han documentado en el pasado otros casos de delfines solitarios que habitan temporal o establemente en una zona determinada.
El deber de cuidar a «Mimmo»
El delfín, que ha tenido una presencia continua en estos meses, ha fascinado a los vecinos y los muchos turistas que visitan cada día Venecia y ya le han puesto hasta nombre: «Mimmo», que es el diminutivo cariñoso de Dominico, que viene del latín Dominicus, que significa perteneciente a Dios.
Sin embargo, los biólogos han avisado de la necesidad de protegerlo, dado que, por su carácter social, suele acercarse a puntos calientes del turismo veneciano o emerger entre las góndolas y los vaporetti, los «autobuses» náuticos que surcan la ciudad.
Y esta exigencia se ha hecho aún más urgente con la llegada del verano y el consecuente aumento del turismo.
Por eso, se ha establecido por primera vez un código de conducta que podrá leerse en italiano y en inglés y que aclara a los humanos cómo reaccionar en caso de avistamiento, indicando un número de WhatsApp para eventuales emergencias.
«El delfín es un invitado precioso de nuestra laguna. ¡Observarlo es un privilegio; protegerlo, un deber!», se lee en el cartel.

En primer lugar, los expertos recomiendan mantener una distancia de seguridad de al menos 50 metros con el animal, no acercarse a él ni intentar interacción alguna; tampoco ofrecerle comida ni lanzarle objetos, ni llamar su atención con gritos o ruidos.
Por último, los conductores de lanchas están llamados a respetar los límites de velocidad y a evitar aceleraciones bruscas, desviaciones de ruta o andar en reversa para no ponerle en peligro.
«No debemos domesticarlo ni transformarlo en una mascota o en una atracción turística si queremos que algún día pueda volver a vivir en el mar junto a los de su especie«, anima Mizzan.
«Mimmo», recordatorio de otros tiempos
El profesor del Departamento de Biomedicina Comparada de la Universidad de Padua, Sandro Mazzariol, sostiene en un comunicado que el animal no sólo «come y presenta una buena salud» sino que curiosamente se ha adaptado estupendamente a abarrotada Venecia.
«Parece que se ha adaptado muy bien al intenso tráfico de embarcaciones en la zona de San Marcos, después del impacto con las hélices de un barco que el pasado otoño le causó heridas en el costado derecho. Ya se han curado completamente», ilustra.
En realidad, hubo un tiempo en el que los delfines en el Golfo de Venecia suponían una presencia muy común, hasta el punto de que los pescadores de sardinas, conocidos como sardellanti, aprendieron de estos mamíferos a hacerse con este pescado, uno de los productos típicos de la suculenta gastronomía veneciana, según explica Mizzan.
Sin embargo, subraya el experto, los cambios en la técnica de la pesca en el siglo XX y otras causas acabaron expulsándoles de las aguas venecianas.
«Hoy hemos perdido la memoria de aquella convivencia. La presencia de un delfín en la laguna nos sorprende, pero en realidad nos está recordando algo que formaba parte de nuestra historia. Es una oportunidad para replantear la relación entre el ser humano y el medio ambiente e intentar reconstruir un equilibrio que hemos interrumpido», anima el biólogo.
