Muchos consejos automotrices que pasan de generación en generación están anclados en tecnologías que ya no existen. Algunos son inofensivos, pero otros pueden hacerte gastar más gasolina, realizar mantenimientos innecesarios o incluso utilizar incorrectamente ciertas partes del vehículo.
Los automóviles modernos dependen cada vez más de sensores, computadoras y componentes diseñados para trabajar dentro de parámetros muy concretos. Por eso, muchos de los mejores consejos ya no vienen de lo que funcionaba en el auto de un abuelo hace 40 años, sino de algo bastante menos emocionante: abrir la guantera y consultar el manual.
La gasolina Premium no hace más potente a cualquier auto

Pagar más por combustible no significa automáticamente obtener más potencia. La gasolina de mayor octanaje está diseñada principalmente para resistir mejor la detonación dentro de motores que trabajan con mayores relaciones de compresión o que fueron calibrados específicamente para utilizarla.
Si el manual del automóvil indica gasolina regular, llenar el tanque con Premium generalmente no ofrece una mejora apreciable en potencia o funcionamiento. La EPA incluso señala que utilizar combustible de alto octanaje en un vehículo que no lo necesita simplemente incrementa el gasto.
La regla más sencilla sigue siendo revisar el manual: si el fabricante exige o recomienda un octanaje determinado, conviene respetarlo. En motores deportivos, turbocargados o de alta compresión sí puede existir una razón técnica para utilizar combustible Premium.
Ya no necesitas dejar el motor calentando durante varios minutos
La escena es clásica durante una mañana fría: encender el automóvil y dejarlo estacionado cinco o diez minutos antes de salir. Esa práctica tenía más sentido cuando los vehículos utilizaban carburadores, pero los motores modernos cuentan con sistemas electrónicos de inyección capaces de ajustar automáticamente la mezcla de aire y combustible.
En la mayoría de los automóviles actuales basta con dejar funcionar el motor unos segundos y comenzar a conducir con suavidad. El Departamento de Energía de Estados Unidos señala que incluso durante días fríos muchos fabricantes recomiendan aproximadamente 30 segundos antes de comenzar a circular.
Mantener el motor encendido mientras el vehículo permanece estacionado consume combustible sin recorrer un solo kilómetro y produce emisiones innecesarias. El calentamiento también ocurre más rápidamente cuando se conduce moderadamente que cuando el automóvil permanece detenido.
La excepción puede aparecer con frío extremo, cuando se necesita desempañar el parabrisas o cuando el fabricante establece instrucciones especiales.
Un automóvil automático no necesariamente gasta más gasolina
Durante años, elegir transmisión manual significaba obtener mejor rendimiento de combustible. Las primeras cajas automáticas perdían más energía y tenían menos velocidades, por lo que el conductor podía obtener una ventaja manejando correctamente los cambios de una transmisión manual.
Eso ya no es una regla universal. Las cajas automáticas modernas incorporan más relaciones, convertidores de par con bloqueo, transmisiones de doble embrague y sistemas continuamente variables que pueden mantener al motor dentro de rangos eficientes durante más tiempo.
Por eso, actualmente existen modelos automáticos que igualan o incluso superan el consumo de combustible de sus versiones manuales. La comparación debe realizarse modelo por modelo y no basándose únicamente en el tipo de transmisión.
Que un automóvil antiguo tenga más lámina no significa que sea más seguro

Uno de los argumentos favoritos al comparar autos viejos con modernos es señalar que antes “ni se abollaban”. Precisamente ahí está parte del problema: durante una colisión, la energía tiene que ir hacia algún sitio.
Los vehículos actuales utilizan zonas de deformación programada que absorben parte de la energía del impacto antes de que llegue a los ocupantes. La cabina, en cambio, está diseñada para conservar un espacio de supervivencia alrededor de los pasajeros.
El Insurance Institute for Highway Safety realizó incluso una prueba frontal entre un Chevrolet Bel Air de 1959 y un Malibu de 2009. Aunque el modelo antiguo tenía una apariencia robusta, su estructura colapsó alrededor del conductor, mientras el habitáculo del vehículo moderno mantuvo mucho mejor su integridad.
Airbags, cinturones modernos, estructuras reforzadas y sistemas electrónicos de prevención de choques han convertido a los automóviles recientes en máquinas considerablemente más sofisticadas desde el punto de vista de seguridad.
El aceite no tiene que cambiarse obligatoriamente cada 5 mil kilómetros

Durante décadas se repitió que el aceite debía cambiarse cada 3 mil millas, aproximadamente 4 mil 800 kilómetros. Para muchos vehículos modernos ese intervalo ya resulta demasiado corto.
Los motores actuales y los aceites sintéticos pueden permitir intervalos considerablemente mayores. Consumer Reports señala que muchos vehículos pueden recorrer entre 5 mil y 10 mil millas —aproximadamente entre 8 mil y 16 mil kilómetros— dependiendo del aceite, el automóvil y las condiciones de manejo.
Esto no significa ignorar el mantenimiento. Viajes muy cortos, calor extremo, tráfico constante, remolcar cargas o manejar en condiciones severas pueden reducir el intervalo recomendado. La referencia correcta vuelve a ser el manual del propietario y, cuando existe, el monitor electrónico de vida útil del aceite.
Cambiarlo antes de tiempo normalmente no dañará el motor, pero sí puede convertirse en un gasto innecesario.
La presión máxima escrita en la llanta no es la presión que debes utilizar

Ver un número de presión en el costado del neumático puede llevar a pensar que ese es el valor correcto para inflarlo. En realidad, esa cifra indica la presión máxima permitida para esa llanta, no necesariamente la presión adecuada para el automóvil.
La presión recomendada por el fabricante del vehículo suele aparecer en una etiqueta ubicada en el marco de la puerta del conductor o en el manual. Esa cifra toma en cuenta el peso, suspensión, comportamiento y neumáticos especificados originalmente para el automóvil.
Inflar demasiado puede reducir el área de contacto con el pavimento y modificar el comportamiento del vehículo; hacerlo por debajo de lo indicado aumenta la deformación del neumático, genera calor y perjudica el consumo de combustible.
La presión debe revisarse preferentemente con las llantas frías.
Apagar y encender el auto no gasta más que dejarlo varios minutos en ralentí
Otro consejo heredado asegura que encender nuevamente el motor consume tanta gasolina que resulta mejor dejarlo funcionando mientras se espera. En los vehículos actuales, esa diferencia es mucho menor de lo que ocurría décadas atrás.
Los sistemas modernos de arranque y la inyección electrónica permiten volver a encender el motor utilizando relativamente poco combustible. Por eso muchos autos incluso incorporan sistemas start-stop que apagan automáticamente el motor en semáforos y lo vuelven a encender cuando el conductor necesita avanzar.
El Departamento de Energía recomienda evitar periodos prolongados en ralentí porque el vehículo consume combustible mientras obtiene exactamente cero kilómetros por litro.
No es necesario apagar el automóvil en cada detención de unos segundos, pero dejarlo encendido durante largos periodos bajo la idea de que “gasta menos que volverlo a prender” ya no tiene demasiado sustento.
Más caro no siempre significa mejor para tu automóvil
Gasolina Premium, cambios de aceite excesivamente frecuentes y llenar las llantas hasta el número máximo tienen algo en común: parecen cuidados adicionales, pero pueden ser innecesarios cuando contradicen las especificaciones del fabricante.
Al final, cuidar un vehículo no consiste en consentirlo con el producto más caro ni repetir todas las costumbres aprendidas en casa. Consiste en utilizar lo que realmente necesita, mantenerlo en los intervalos correctos y reconocer que muchas reglas automotrices que parecían eternas ya fueron superadas por la tecnología.

