Cada 20 de agosto se conmemora el Día Mundial del Mosquito, una fecha que suele asociarse con fastidio, picaduras y enfermedades. Sin embargo, detrás de ese insecto que muchos quisieran ver desaparecer hay un papel ecológico poco conocido que plantea una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si realmente se extinguieran?
La efeméride honra al médico británico Sir Ronald Ross, quien el 20 de agosto de 1897 descubrió que las hembras del mosquito Anopheles transmiten la malaria. El hallazgo le valió el Premio Nobel de Medicina en 1902 y permitió entender la propagación de otras enfermedades como el dengue, el zika y la fiebre amarilla.
El papel ecológico de los mosquitos
Antes de volar, los mosquitos pasan su etapa de larva en el agua, donde sirven de alimento a peces, ranas y otras especies acuáticas. Ya adultos, se convierten en un bocado clave para aves, murciélagos, libélulas y arañas.
Su desaparición repentina generaría un efecto dominó: las especies que dependen de ellos tendrían que buscar otra fuente de alimento o enfrentar una caída en su población. Un caso citado es el del Ártico, donde los mosquitos emigran en masa y pican a miles de caribúes, obligando a las manadas a moverse por los valles, lo que influye en la caza de los lobos que las siguen.
Además, los mosquitos machos se alimentan únicamente de néctar, no de sangre, y en ese proceso ayudan a polinizar ciertas plantas, como las abejas o las mariposas. No son polinizadores estrella, pero forman parte de la red de insectos que mantiene la reproducción vegetal en distintos ecosistemas.
La entomóloga médica Janet McAllister matiza que su labor polinizadora no es crucial para los cultivos de los que depende el ser humano, por lo que otras especies podrían ocupar su lugar si desaparecieran.
¿Qué pasaría si se erradicaran?
El entomólogo Joe Conlon lo resume de forma directa: si los mosquitos se erradicaran mañana, los ecosistemas donde son más activos «sufrirían hipo» y luego seguirían adelante, porque algo más ocuparía ese espacio, para bien o para mal.
El problema es que nadie puede predecir con certeza qué sería ese «algo más». Con más de 3 mil 500 especies de mosquitos en el planeta, y solo unas 200 capaces de picar al ser humano, su papel real en los ecosistemas sigue sin comprenderse del todo.
La ciencia no tiene una respuesta única. Lo que queda claro es que los mosquitos no son un simple estorbo: forman parte de una red mucho más grande que sostiene a otras especies. Eliminarlos de golpe podría traer alivio inmediato para los humanos, pero también consecuencias imposibles de calcular para el resto de la naturaleza.

