La tradición de los floricultores de El Valle de Juárez superó las adversidades del temporal atípico de lluvias, está listo y empezó a levantar los racimos que se venderán a los fronterizos para los preparativos del Día de Muertos.

Recorrer la carretera Juárez-Porvenir permite reconectar con la identidad juarense y su tradición agrícola al ver que el entorno rural que hoy conserva sembradíos de sorgo, algodón, alfalfa y que en esta temporada los campos se llenan de color con el naranja y amarillo intenso de la flor de cempasúchil y el morado profundo de la flor garra de león.
El señor Humberto, productor de la zona de El Valle de Juárez, entre los poblados de San Isidro y Loma Blanca, compartió que las condiciones climáticas atípicas en las que se presentaron tormentas que provocaron inundaciones entre finales de septiembre y principios de octubre, tuvieron repercusiones en los sembradíos, ocasionando que se perdiera al menos una hectárea de lo que se tenía sembrado para vender en esta frontera.
“Sí le afectó el agua, esta flor jala con el sol, si no hay sol no hay flor. Como estuvo lloviendo, estuvo nublado mucho tiempo sí le afectó, pero sí va a estar lista. Tengo como dos hectáreas, tenía tres pero la del otro lado (de la carretera) se echó a perder porque está en hoyo y cuando llueve se inunda, la sacamos con motobomba, pero no se logró rescatar casi nada”, explicó el floricultor.
“Varía mucho lo que es la producción por surco, varía y nunca hemos contado a detalle. Va a ser menos que el año pasado. Nada mas lo que coges con dos manos es un ramo, no va afectar el precio, cuesta igual que el año pasado”, afirmó.
Los empleos formales en el sector económico primario de la ganadería, agricultura, floricultura, se redujo un 42.59 por ciento en los últimos 25 años en el Municipio de Juárez, pasando de mil 54 plazas en el año 2000 a 605 en el 2025, y el número de habitantes ocupados en esa rama hasta el año pasado representa el 0.13 por ciento de la población, según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
La dirección de Desarrollo Económico del Municipio de Juárez a través de su titular Tania Maldonado, informó que cada año se siembran entre cinco y seis hectáreas para el cultivo de cempasúchil, y cada hectárea tiene un costo de producción estimado en 95 mil pesos. Logrando un valor de venta de 150 mil pesos, quedando una utilidad aproximada de 55 mil pesos.
“Aquí en la ciudad ya se está produciendo en maceta, puede ser que en total ande en 1.5 hectáreas, este año también se sembró en Samalayuca 0.6 hectáreas. Desde la dirección de Desarrollo Rural apoyamos a una familia de la colonia Zaragoza que tiene 3 mil 500 macetas”, informó Maldonado.
En la región el municipio de Praxedis incursionó en sembradíos de cempasúchil, garra de león y calabaza, para crear un espacio turístico y abastecer de flor para los eventos organizados por el propio gobierno municipal. Lo restante se distribuyó entre la población que acudió a cortar o en los cuatro panteones municipales el día de finados.
El arquitecto Daniel Ruiz Serra, director de Obras Públicas de Praxedis informó que este año buscaron aumentar la superficie de siembra, pero debido al temporal de lluvias se desbordó un canal, hubo vientos, granizo y más lluvias fuera de temporada, por lo que se estima que se perdió el 60 por ciento de lo que se pretendía cultivar.
La producción de flor de El Valle de Juárez surte a los vendedores de los mercados en la zona centro, en los cruceros y en los panteones de la ciudad, con una tradición de 30 años para abastecer para altares y tumbas en esta fecha de memoria.
“Vengan aquí, vamos a empezar a vender desde el 24 de octubre: El 23, 24 y 25 empezamos a cortar, gracias a Dios viene mucha gente, me falta flor porque viene mucha gente, de que se llevan como 20 ramos o un ramo cada quien, viene la gente y aparta con tiempo”, convocó el floricultor Humberto.
La comunidad puede acudir este fin de semana a los campos ubicados en el kilómetro 22 de la carretera Juárez-Porvenir, en donde pueden tomarse fotografías en los campos de flores y hacer una aportación a los productores, para de paso llevarse los ramos para su ofrenda.
