La isla del lago de Pátzcuaro es uno de los lugares más atractivos de México en Día de Muertos por las múltiples embarcaciones que acuden a ella, lo cual se podrá seguir disfrutando.

El atractivo de las celebraciones del Día de Muertos en México, que empiezan en octubre y esta noche del domingo 1 al lunes 2 de noviembre tendrán su momento cumbre, ya están empezando a generar tensiones entre el turismo excesivo y las poblaciones locales.
Quizá el ejemplo más notable de este fenómeno sea el de Janitzio, la pequeña isla del lago de Pátzcuaro en Michoacán, donde, de acuerdo con The Associated Press, las autoridades cerraron el panteón a los turistas para esta noche, algo que no había ocurrido con excepción del año 2021, cuando también se cerraron a causa de la pandemia de Covid-19.
La decisión del cierre en esta noche de 2026 se produjo después de que el consejo comunitario de la isla reportara el colapso de tumbas dañadas, cruces y partes del muro perimetral del cementerio debido a la avalancha de personas, añade la AP.
Janitzio, fiesta de luces flotantes
Las celebraciones del Día de Muertos en el lago de Pátzcuaro —reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008—, cuya isla ha sido un lugar sagrado durante siglos, están entre las más notables de México; por un lado, por lo vistosas que son.
Como en el resto de México, en la noche del 1 de noviembre —la «Noche de Ánimas»—, las familias llevan comida para compartir con sus antepasados y aprovechan para limpiar las sepulturas y decorarlas con elaborados arreglos de velas y flores de cempasúchil.
«Algunos (incluso) pasan la noche durmiendo entre las lápidas«, señaló Ezekiel Stear de la Universidad de Auburn en un artículo en The Conversation.
Pero en Pátzcuaro, además, la gente acude navegado a la isla de Janitzio para visitar las tumbas de sus seres queridos fallecidos, lo que convierte al lago en una fiesta flotante.
Un lugar con historia
No está claro cuándo tuvo lugar la primera conmemoración del Día de Muertos, pero sí que está vinculada a la agricultura en la época prehispánica de México, cuando se compartía la cosecha con los muertos, y que su forma actual se debe a la fusión con las tradiciones católicas después de la conquista española en 1521.
Se sabe que tras la llegada de los españoles, aunque muchas familias de los alrededores del lago de Pátzcuaro fueron mermadas por los estragos de las enfermedades europeas o porque la gente se trasladó a otros lugares, mantuvieron la costumbre de compartir la cosecha con los difuntos, señala Stear.
Durante la época colonial, dedicar tiempo al cuidado de las tumbas se convirtió en una práctica anual, y «tras la independencia de España en 1821, una serie de decretos estatales en Michoacán incluso alentaron a los habitantes a honrar a los héroes de guerra sepultados en Janitzio«.
«La isla de Janitzio, en el lago de Pátzcuaro, y la Ciudad de México ilustran cómo las decisiones de los pueblos indígenas permitieron que sus tradiciones sobrevivieran a pesar de la influencia española, concluye el investigador.
