Entre recuerdos, anécdotas y emociones, protagonistas de la historia del Centro Cultural Universitario de la UACJ revivieron los días en que Ciudad Juárez recibió un nuevo escenario para el arte y la cultura

¿A qué olía el Centro Cultural Universitario hace 35 años? La pregunta provoca una sonrisa en Guadalupe de la Mora Covarrubias, quien parece regresar por un instante a aquellos días en que los sueños de los universitarios comenzaron a encontrar un escenario propio.
“Seguramente olía a lo que huelen todos los teatros: a madera, a ese aroma de las cosas que han estado guardadas”, responde entre risas.
Y quizá también olía a ilusión, a telones por levantarse, a personajes esperando cobrar vida y a una comunidad artística que, después de ensayar en gimnasios y bodegas, finalmente tendría un espacio para encontrarse con su público.
Esos recuerdos formaron parte de la segunda mesa de diálogo Un escenario para todos: 35 años de arte, cultura y comunidad, celebrada en el marco del 35 aniversario del Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
En el encuentro participaron Guadalupe de la Mora, Eduardo Jasso y Marisol Galán, bajo la moderación del Lic. Blas García, quienes compartieron experiencias y memorias de un recinto que ha acompañado buena parte de la vida cultural de Ciudad Juárez.
El Mtro. Alejandro Castillo González, director general de Difusión Cultural y Divulgación Científica de la UACJ, explicó que estas conversaciones buscan recuperar las distintas voces que han contribuido a construir la historia del Centro Cultural Universitario.

“El propósito de estas charlas es compartir con la comunidad las historias que han dado vida a este recinto. Ayer escuchamos a sus fundadores; hoy, a quienes han contribuido desde el arte y la cultura, y mañana conoceremos las experiencias del personal técnico”, señaló.
Para Guadalupe de la Mora Covarrubias, regresar a estos recuerdos significa volver a una época en la que el teatro universitario se construía con entusiasmo, creatividad y, muchas veces, con los recursos disponibles.
Hace 35 años formaba parte del Taller de Teatro Universitario, junto con Octavio Trías, cuando recibió la encomienda de participar en una producción que marcaría un momento especial en la historia cultural de la institución: Tomóchic, el día en que se acabó el mundo.
Aquella puesta en escena fue elegida para inaugurar el entonces Centro de Convenciones de la UACJ.
“Nosotros ensayábamos aquí, en el gimnasio, en una bodega. Y de pronto, resulta que teníamos un teatro. Fue un estreno muy feliz para todos, porque significaba la posibilidad de contar, finalmente, con un escenario para desarrollar nuestra actividad escénica”, recuerda.
En aquellos años, Ciudad Juárez contaba con espacios limitados para las artes escénicas. Guadalupe recuerda la Sala de Convenciones del Instituto Nacional de Bellas Artes, hoy Teatro Ernesto Ochoa Guillemard, donde ella misma comenzó a hacer teatro.
También existían el Teatro Libertad, de propiedad particular y actividad intermitente, y el Teatro de la Nación, ubicado en la conocida Casa de la Asegurada, como parte de la infraestructura teatral del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Por ello, la apertura del nuevo recinto universitario representó una oportunidad para ampliar las posibilidades de producción, presentación e intercambio artístico en la frontera.
Con el paso de los años, Guadalupe fue testigo de sus transformaciones: festivales de teatro universitario, muestras, intercambios culturales y temporadas de intensa actividad, pero también de periodos en los que las artes escénicas cedieron espacio a otros encuentros institucionales.
“Hubo momentos en los que decíamos que el teatro estaba cerrado para el teatro, porque se utilizaba principalmente para convenciones. Entendíamos las necesidades institucionales, pero siempre hemos querido que sea, verdaderamente, un espacio para las artes escénicas”, comparte.
Entre los recuerdos que conserva Guadalupe de la Mora destaca también su participación en las gestiones para que el recinto llevara el nombre de Gracia Pasquel, figura vinculada con la historia artística de Ciudad Juárez y con la propia universidad.
La iniciativa surgió a partir de un trabajo editorial que realizó junto con Marco Antonio García, relacionado con la trayectoria de la actriz y su importancia para la comunidad teatral.
“Gracia Pasquel era una figura pública muy importante para la ciudad, pero también estaba estrechamente vinculada con la universidad. Comenzamos entonces a pensar y a gestionar la posibilidad de que el teatro llevara su nombre, como una manera de rendirle homenaje”, relata.
Recuerda que, en 1995, cuando trabajaba en el área de Comunicación de la UACJ, compartió la propuesta con el Dr. Servando Pineda, quien recibió favorablemente la iniciativa y contribuyó a impulsarla.
Así, el recinto adoptó el nombre de Teatro Gracia Pasquel, una denominación que con el tiempo se convertiría en referente de la actividad cultural universitaria y de la ciudad.
A 35 años de su apertura, el Centro Cultural Universitario no solamente conserva las memorias de quienes participaron en sus primeros años, sino que continúa adaptándose a las necesidades de las nuevas generaciones de artistas y espectadores.

Para el Mtro. Alejandro Castillo González, este recinto representa uno de los patrimonios culturales más importantes con los que cuenta la comunidad juarense.
“Debemos sentirnos sumamente orgullosos de contar con un espacio que brinda un soporte fundamental para la promoción y difusión del arte y la cultura. De acuerdo con la percepción de nuestra comunidad, tenemos uno de los mejores teatros de la ciudad”, expresó.
El funcionario universitario destacó las remodelaciones y mejoras realizadas en los últimos años, particularmente en las condiciones técnicas del teatro y en su infraestructura escénica.
“Hoy contamos con un teatro de gran calidad, con una tramoya en excelentes condiciones y con instalaciones que permiten ofrecer espectáculos a la altura de las necesidades artísticas de nuestra comunidad”, señaló.
Asimismo, mencionó la renovación integral de la sala de usos múltiples, que actualmente dispone de equipamiento de audio, pantallas y sistemas multimedia independientes para cada una de sus áreas.
Esta infraestructura permite desarrollar hasta cinco actividades simultáneas, con controles específicos de sonido y multimedia, sin interferencias entre los distintos espacios.
La conmemoración de estos 35 años ha permitido mirar más allá de las paredes, las butacas y los escenarios. Ha sido también una oportunidad para reconocer a quienes, desde la actuación, la dirección, la producción, la técnica y la gestión cultural, han contribuido a darle identidad al Centro Cultural Universitario.
Porque los teatros no solamente se construyen con concreto, madera y acero. También se levantan con las voces de quienes alguna vez pronunciaron un diálogo bajo sus luces, con los aplausos que permanecen en la memoria y con las historias que encuentran refugio detrás de un telón.
Guadalupe de la Mora recuerda aquel primer aroma a madera guardada. Treinta y cinco años después, el Teatro Gracia Pasquel conserva algo de esa esencia, aunque ahora se mezcla con las memorias de generaciones enteras.
Y si aquel escenario olía a madera y a sueños por estrenar, hoy también huele a historia, a encuentros y a la emoción de saber que, mientras exista alguien dispuesto a contar una historia y otro a escucharla, el teatro seguirá vivo.
