SUFRE JUAREZ DE CRISIS DE MIGRANTES…

Los cientos de venezolanos expulsados en los últimos días de Estados Unidos a Ciudad Juárez, que han tenido que dormir a la intemperie con niños, sin ropa, sin comida, sin dinero y en el “limbo jurídico”, viven en una crisis humanitaria, sanitaria y de seguridad, denunció ayer el director de la Casa del Migrante.

“Cuando hablamos de una crisis humanitaria hablamos de la condición que están viviendo, de cómo son tratados; estamos hablando de mujeres, de familias, de niños y jóvenes que les quitaron sus cosas (en Estados Unidos), que han sido asaltados (en Ciudad Juárez); hablamos de una crisis sanitaria, de seguridad, porque no hay lugar para ellos y no son atendidos en sus necesidades más básicas”, dijo el sacerdote Francisco Javier Calvillo.

El sacerdote Francisco Javier Calvillo, director de la Casa del Migrante en Juárez, señaló que aunque debe haber coordinación de los tres niveles de gobierno, la principal responsabilidad es del Gobierno federal, porque finalmente fue el Gobierno de México el que hizo el acuerdo con Estados Unidos de recibir a los expulsados bajo el Título 42 en sus fronteras, sin proporcionarle a Ciudad Juárez las condiciones para atenderlos.

De acuerdo con los propios migrantes, hasta ayer eran cerca de 400 personas de origen venezolano las que permanecían en Ciudad Juárez, la mayoría expulsadas por el gobierno de Joe Biden y otras que ingresaron a México a principios de octubre pero que arribaron a la ciudad durante el fin de semana con una Fórmula Migratoria Múltiple (FMM) emitida por el Instituto Nacional de Migración (INM) en busca de registrarse para ingresar a Estados Unidos.

Y aunque la tarde del sábado decenas fueron acogidos por la Casa del Migrante y el albergue municipal ‘Kiki’ Romero, y otros fueron trasladados sólo a pasar la noche en iglesias cristianas de la ciudad, al menos un centenar tuvo que dormir a la intemperie en el exterior del Consejo Estatal de Población (Coespo) de Chihuahua, con niños pequeños.

Angelín, de 27 años y Luis 26, salieron hace 23 días de Caracas, Venezuela, “buscando un mejor futuro” para su hijo, quien a sus nueve meses de nacido pasó la madrugada de ayer en el exterior del Coespo, a escasos metros del río Bravo y el muro fronterizo.

“El 5 de octubre entramos a México, venimos con el permiso, llegamos aquí ayer (sábado 15 de octubre) pero no nos entregamos porque al llegar aquí vimos que los están regresando. Exactamente no nos han dicho qué tenemos que hacer, dicen que por Internet pero no hemos podido averiguar bien. Ayer dormimos aquí afuera con el bebé, éramos bastantes, como 100 personas, nos prestaron una cobija pero no es suficiente, hacía mucho frío”, narró la sudamericana la mañana de ayer sentada en el exterior del Centro de Salud Todos Somos Mexicanos.

Su bebé dormía mientras que sus sobrinos de 5 y 6 años de edad jugaban con otros menores venezolanos que han sido expulsados con sus padres a esta frontera.

“Por lo menos a los que entramos antes del decreto que nos dejen pasar, al menos, porque sabemos que somos muchos, pero habemos muchos con niños, que se solidaricen con nosotros. Nosotros llegamos a México cuando todavía no salía ese decreto, ellos saben que todos nos quedamos sin dinero, hasta aquí llegó la plata, ya no hay más”, dijo quien viajó de Chiapas a Ciudad de México y luego a Ciudad Juárez, en donde ayer ya no contaban ni con dinero para poner saldo a su teléfono y poder tener acceso a Internet para buscar información sobre cómo ingresar al vecino país.

Ellos buscan ser parte de los 24 mil venezolanos que el gobierno de Joe Biden anunció la tarde del pasado 12 de octubre que recibirá a través de un nuevo programa, pero solamente vía aérea, tras un registro y con los requisitos de que hayan entrado a México antes del 12 de octubre, y que cuenten con un patrocinador económico en Estados Unidos.

“Aquellos que intenten cruzar ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos serán devueltos a México y no serán elegibles para este proceso en el futuro. Aquellos que sigan el proceso legal tendrán la oportunidad de viajar de manera segura a los Estados Unidos y ser elegibles para trabajar aquí”, informó el secretario de Seguridad Nacional (DHS), Alejandro N. Mayorkas, a través de un comunicado de prensa.

Dijo que “existe una forma legal y ordenada para que los venezolanos ingresen a los Estados Unidos, y la entrada legal es la única forma”; sin embargo, venezolanos que ingresaron a Estados Unidos desde el 10 de octubre comenzaron a ser expulsados desde el día 12, incluso antes de que se anunciara el acuerdo con el Gobierno de México, de recibirlos en sus fronteras.

Los sudamericanos reclamaron además que después de recibir a miles de sus compatriotas de pronto Estados Unidos les cerró las puertas, dejando a muchos en el camino, después de vender todas sus pertenencias para poder migrar.

Naila Pirela, de 24 años, salió de Venezuela hace dos meses con su esposo de 27 y con su hija de Rihanna de un año, pero para poder hacerlo tuvieron que vender todas sus cosas y pedir prestado.

“Vendimos las cosas, los electrodomésticos de la casa, él vendió su moto, buscamos plata prestada; nosotros nos gastamos 4 mil 800 dólares para llegar acá, cruzando la selva, cruzando todos los países que pasamos”, dijo la joven madre quien fue expulsada de Estados Unidos en huaraches, sin ropa y sin sus documentos personales.

“Yo entré el 13, me regresaron ayer (15 de octubre), nos tuvieron dos noches y nos engañaron. Mis documentos me los quitaron, me tomaron una foto y los guardaron en una carpeta, nos metieron al refugio y ellos se quedaron con nuestros documentos y nosotros no reclamamos documentos porque a nosotros nos trajeron engañados, nos dijeron que nos iban a dejar en una iglesia en Estados Unidos y fue mentira, ya cuando estábamos llegando a la frontera, ya cuando estábamos pasando el puente fue cuando nos dijeron que estábamos siendo deportados (expulsados)”, narró quien dijo haber salido de su país por la crisis económica.

Ayer, las familias venezolanas que permanecían en el exterior de Coespo, pidieron el apoyo de la comunidad para que les llevaran agua, comida, fruta, cobijas, tenis y ropa de abrigo, tanto para niños como para adultos.

“Necesito ropa para mi niño de nueve meses”, dijo Luis, quien hoy dormiría por segunda noche con su esposa, su hermano, su cuñada y sus sobrinos de 5 y 6 años de edad a la intemperie.

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